Saima cumple su sueño en medio de las inundaciones en Pakistán

Martes, 31 de Agosto de 2010 Ildefonso González Sin comentarios

Por Tahira Sharafat, de UNICEF Pakistán

Para millones de niños que se llevaron la peor parte de las inundaciones en Pakistán, despertarse en mitad de la noche para ser subido en un helicóptero y marcharse lejos de su hogar puede ser muy traumático. Pero para Saima, de 10 años, del distrito de Rahim Yar Khan (provincia de Punjab, centro-este de Pakistán), se acaba de abrir una puerta a un futuro más brillante.

A finales de julio, la cruel cadena de inundaciones monzónicas devastó amplias zonas de Pakistán, dejando a millones de personas sin hogar. El agua era lo suficientemente poderosa como para arrasar tierras cultivadas, casas, puentes, carreteras, hospitales y escuelas en zonas equivalentes a una quinta parte de todo el país.

En el sur de Punjab, la provincia más poblada de Pakistán, cientos de miles de personas siguen huyendo en todas direcciones para escapar de las inundaciones. El agua ha obligado a abandonar sus hogares, granjas y aldeas.

Rahim Yar Khan es uno de los 14 distritos que han resultado afectados en Punjab, con un millón de personas que continúan sufriendo los efectos del mayor desastre natural de la historia reciente de Pakistán. El Gobierno del distrito ha establecido 30 campos de atención y 13 comunidades con tiendas de campaña para albergar a todas las familias en situación desesperada que sea posible. Llegan sin nada más que la ropa en sus cuerpos.
Los campamentos están montados, pero una sombra se cierne sobre ellos; se están suministrando agua, comida y medicinas, a pesar de que las necesidades actuales superan con creces la capacidad de cualquiera para satisfacerlas.

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© UNICEF/NYHQ2010-1631/Ramoneda

Incluso en estos tiempos difíciles, una cara brillante sobresale del resto. La pequeña  Saima y su familia han llegado al campamento hace 10 días y ahora la esperanza ha vuelto a llenar sus vidas. El brillo en sus ojos y su sonrisa inocente  la distinguen  inmediatamente de entre los miles de niños que hay en el campamento. Es la más joven de seis hermanos y hermanas. Su padre es sordomudo y sus tres hermanos solían ir a la escuela en el pueblo antes de las inundaciones. Pero a pesar de su deseo de ir al colegio, se vio obligada a quedarse en casa y ayudar a su madre cuando su abuelo le impidió tener acceso a su derecho fundamental a la educación.

Fue la Naturaleza la que cambió el destino de Salima. Ahora, durante los últimos 12 días, está estudiando en la escuela del campamento.

“Es el sueño de mi vida hecho realidad, pero pido por favor  a mi madre que me prometa que  me dejará seguir yendo a la escuela cuando volvamos a casa”, dice Saima mientras recita uno de sus poemas favoritos. Ya ha aprendido el alfabeto, los números y también ha empezado a escribir. Más de 12.000 niños de las provincias afectadas por la inundación han recibido la oportunidad de seguir con su educación en los 73 centros temporales de aprendizaje y recreo creados con el apoyo de UNICEF.

Hasta ahora, 11.000 escuelas han quedado destruidas por las inundaciones en Pakistán, mientras que otras  6.100 están siendo utilizadas como refugio para 1,5 millones de desplazados. Con el fin de mantener a los niños en la escuela, UNICEF y sus aliados están estableciendo espacios temporales para más de un millón de alumnos alrededor de las áreas afectadas.

Aprender y divertirse

UNICEF está suministrando a todas las escuelas temporales kits de ocio, que incluyen juegos y equipos deportivos, para ayudar a reiniciar las clases. Los centros de aprendizaje también tienen esteras para sentarse, pizarras y material escolar para los niños. Las actividades que se realizan fueron elegidas después de consultar con las comunidades locales en las zonas afectadas.

En los centros, los niños también tienen la oportunidad de aprender sobre graves amenazas a su bienestar, tales como la violencia de género y el acoso. Las autoridades provinciales de educación están facilitando que haya maestros en los espacios temporales de aprendizaje y se aseguran de que tienen el perfil adecuado para desempeñar un papel tan importante.

En medio del caos, se han encendido faros de esperanza y los niños están empezando a creer que, efectivamente, después de la tormenta viene la calma.

¿Por qué el mundo debe ayudar a Pakistán?

Jueves, 26 de Agosto de 2010 UNICEF España Sin comentarios

Artículo de opinión publicado el 26 de agosto en CNN.com por Daniel Toole, Director Regional de UNICEF para el Sur de Asia. El representante del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia ha estado una semana recorriendo las zonas más afectadas por las inundaciones en Pakistán, donde ha podido reunirse con la población damnificada, conocer sus necesidades y evaluar la situación sobre el terreno.

© UNICEF/NYHQ2010-1622/ZAK; Daniel Toole, a la derecha, conversa con un niño en una escuela de la provincia de Khyber-Pakhtunkhwa el pasado 16 de agosto.

“Desde el cielo, el mar de agua se extiende tierra adentro más allá del horizonte; recuerdos de un desastre distinto con una respuesta extrañamente distinta a la misma desesperación. Un paisaje de agua salpicado por las copas de los árboles, los postes de electricidad que flotan en el agua hacia ninguna parte y pequeñas parcelas de tierra con familias aisladas apiñadas junto a los restos que consiguieron salvar en su huída doliente de las crecidas a través del país.

La quinta parte de Pakistán está anegada por las aguas. Imagínese si mañana se despertara por la mañana y se enterase de que toda Inglaterra o el estado de Florida están sumergidas por completo. Cultivos, mercados, carreteras, escuelas, comunidades y casas construidas con el esfuerzo de varias generaciones sumergidas en el agua, y muchas simplemente borradas del mapa.

Tras varias décadas trabajando en situaciones de emergencia en todo el mundo, nunca antes había visto una devastación tan sorprendente. Lo único que se le asemeja en los últimos tiempos es el tsunami, con muchas más muertes, pero con un nivel de destrucción similar.

El debate público que surgió en los primeros días del tsunami en Asia comenzó con un patrón muy parecido: ¿se podrían superar los enormes desafíos? ¿Se emplearía bien el dinero o caería quizás en manos de gente equivocada? Con tantos gobiernos distintos involucrados, ¿podrían los gobiernos, las Naciones Unidas y otros organismos humanitarios garantizar que los fondos llegarían a los más necesitados?

Pero las potentes imágenes televisivas rápidamente desencadenaron un extraordinario torrente de apoyo humano, con grandes cantidades de dinero y recursos humanos. De hecho, la respuesta fue excesiva, y UNICEF dejó de captar fondos.

Respuesta lamentablemente inadecuada

Hoy, en toda la región afectada por el tsunami hay brillantes testimonios: desde plantas de alcantarillado ecológico hasta escuelas amigas de la infancia, o cómo los gobiernos nacionales y los organismos humanitarios reconstruyeron mejor. Lo mismo se puede hacer en Pakistán, pero la respuesta ha sido lamentablemente inadecuada.

Estas aguas anegadas no van a desaparecer a corto plazo; la amenaza continúa siendo elevada, sobrepasando los esfuerzos de ayuda. El Gobierno estima que unos 20 millones de paquistaníes han resultado afectados de una u otra manera por las inundaciones, de los que más de ocho millones son menores de 18 años. Casi cuatro millones de niños constituyen la población más vulnerable, con riesgo de contraer enfermedades mortales transmitidas por el agua como la disentería, la diarrea y el cólera, así como las peores enfermedades endémicas como el sarampión y la poliomielitis.

Visité un puesto de salud en la provincia de Sindh, donde el número de casos de diarrea aguda cuatriplica ya los niveles previos a las inundaciones, y los niños mueren rápidamente de diarrea y su más mortífero aliado, la deshidratación.

Este no es momento de esperar. Sobre el terreno, hablé con muchas madres. Una de ellas tenía cinco hijos y nada con lo que salir adelante en medio de las moscas y un intenso calor –unos 40 grados–. El sudor caía por mi cara y mi cuerpo. Esta mujer huyó de las inundaciones con sus hijos, sin ningún alimento, sólo con la ropa que llevaba puesta.

Hay cientos de miles, si no millones, de personas como ella. Tiene diarrea y sus hijos también están mal a pesar de vivir en un campamento seguro, donde se suministran alimentos cocinados y agua potable. Su tienda de campaña ofrece una protección irrisoria. ¿Cómo va a sobrevivir a este calor? ¿qué demonios van a hacer cuando llueva otra vez?

Según el último recuento, cinco millones de paquistaníes estaban como ella: se han quedado sin hogar por las inundaciones. Cientos de miles de personas se enfrentan ya a la desnutrición, a las inclemencias del tiempo, las infecciones de la piel y las enfermedades respiratorias. La amenaza de epidemias aumenta día a día.

Ante la mínima posibilidad de que las aguas desciendan, la atracción natural por volver a casa es abrumadora. Pero para muchos no ayudará la sensación de vacío y de pérdida, además de que no hay agua potable, ni tiendas de alimentos, ni animales, etc.

La vida en un campamento es una vida en espera. Debe haber mejores formas de ayudar a las personas cuando estén en casa. Debido a que UNICEF y otros organismos humanitarios ya tenían equipos sobre el terreno, hemos sido capaces de liberar fondos de emergencia y empezar a proporcionar agua potable, vacunas, medicamentos, atención sanitaria y alimentos de emergencia y asistencia no alimentaria desde el inicio mismo de la crisis.

Agua potable y vacunas

Estamos observando un goteo constante de fondos, y ahora nosotros y nuestros socios estamos proporcionando agua potable a casi dos millones de personas al día y cerca de 800.000 niños han sido inmunizados contra enfermedades mortales.

Y no es suficiente. Cientos de miles de personas permanecen aisladas de los suministros de ayuda. Hay escasez de médicos, trabajadores sanitarios, se necesitan 40 helicópteros. Falta casi todo. Hasta comprar jabón o cubos en esas cantidades es difícil. Hay mucha necesidad.

Organizaciones serias como UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos, Save the Children y el Organismo Internacional de la Cruz Roja / Media Luna Roja tienen una trayectoria larga y muy buena reputación en la ayuda a los más necesitados. La imparcialidad, transparencia y la orientación a los más necesitados primero están en el corazón del trabajo que hacemos en cualquier situación, y especialmente en situaciones de emergencia. Hay una profunda dignidad en la forma en que los paquistaníes se ayudan entre ellos. Están en Ramadán y no toman siquiera un sorbo de agua desde el amanecer hasta el anochecer.

Vi esto en las secuelas del terremoto de 2005. Los trabajadores humanitarios, liderando los labores de ayuda, trabajaban durante todo el día para distribuir alimentos vitales, agua potable, medicamentos y tiendas de campaña a los millones de desplazados; los vecinos (existe una profunda tradición en Pakistán de ayudar a sus “biraderi” o miembros del mismo clan) compartían lo que tenían con otros desplazados; pilotos de helicópteros volaban en misiones de rescate, y trabajadores humanitarios pasaban sus días atendiendo a jóvenes, débiles, ancianos y desposeídos, compartiendo todos los alimentos disponibles al anochecer en tierras extrañas y secas a kilómetros de casa.

Así es como comparten y muestran su humanidad común. El mundo ha demostrado una y otra vez  el firme espíritu de generosidad humana; más recientemente, en el terremoto de Haití, incluso durante una recesión.

Esta vez,  el mundo ha sido inexplicablemente lento, inexplicablemente distraído. ¿Podría deberse a que se espera que un país –una potencia nuclear—debería saber cuidar de sí mismo? Pero este enorme desastre supera la capacidad de cualquier gobierno y los desastres no conocen fronteras, no respetan los pasaportes. Este desastre va mas allá de las personas, sus implicaciones marcaran el futuro de este país.

La geografía de esta región, distribuida en las vastas llanuras bajo el techo del mundo, el Himalaya, es como la política de esta región: inestable. Esta falla frágil puede romperse fácilmente por falta de atención y de solidaridad. Así como los paquistaníes se han ayudado unos a otros, también nosotros, como miembros del mismo “biraderi”, el mismo clan de humanos, debemos  estar a la altura en este  momento y responder a sus necesidades. Tenemos que hacerlo hoy. Demasiados paquistaníes siguen esperando.

Mary, una infancia secuestrada por los rebeldes en Uganda

Lunes, 16 de Agosto de 2010 Diana Valcárcel Silvela Sin comentarios

Por Diana Valcárcel Silvela, Coordinadora de Proyectos de Comunicación, UNICEF España

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© Diana Valcarcel/UNICEF

En julio tuve el privilegio de estar dos semanas en Uganda, apoyando a la oficina de terreno en los preparativos previos al primer Foro Africano de la Juventud. Nada más llegar, viajé a Gulu, al norte del país, una de las zonas más afectadas por el conflicto que durante 20 años enfrentó a los rebeldes del Ejército de Liberación del Señor con el gobierno. Ahí escuché uno de los testimonios más impresionantes que hoy me gustaría compartir con vosotros:

Mary (nombre ficticio) sólo tenía 12 años cuando los rebeldes del Ejército de Liberación del Señor la raptaron por la noche. “A los 15 años, me forzaron a ser la mujer de un comandante. A los 16, tuve mi primer hijo con él. El parto fue muy duro, yo era muy pequeña”. Mary está sentada en el suelo de su cabaña y mira tímidamente al suelo mientras me cuenta su pasado. Ahora tiene 23 años.

Alrededor de 25.000 niños han sido secuestrados desde 1986, durante las dos décadas que duró el conflicto entre el Gobierno y el Ejército de Liberación del Señor (LRA en sus siglas en inglés) en Uganda. Se les utilizó como niños soldado o como esclavas sexuales en el caso de las niñas. Las experiencias por las que pasaron son indescriptibles: a muchos los forzaron a matar a sus propios familiares, les sometieron a una extrema brutalidad, lucharon en numerosas contiendas y fueron expuestos a otras situaciones que les han dejado gravemente afectados emocional y psicológicamente.

“Nos forzaron a luchar con armas mientras llevábamos a nuestros bebés en la espalda. Como yo no quería hacerlo, me dieron 100 azotes con un cuchillo largo. Después de eso, me ataron porque los rebeldes sabían que quería escaparme. En ese momento sólo rezaba a mi Dios. Pedí a una niña que me soltara y esa noche, conseguí escapar con mis dos hijos”.

Entonces, Mary estaba en Congo y llegó a Uganda en enero de este año, después de 12 años de cautiverio. A su llegada al país, conoció la Organización de Apoyo a los niños de Gulu (GUSCO, en sus siglas en inglés), una ONG local que, apoyada por UNICEF, trabaja en la promoción del bienestar de los niños afectados por la guerra en el Norte de Uganda.

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© Diana Valcarcel/UNICEF

Mary se quedó en un centro de GUSCO donde participó en un programa de rehabilitación de 3 semanas y finalmente volvió a su casa con su familia el pasado mes de abril. Desde 1997, esta organización ha reintegrado a alrededor de 8.000 secuestrados en su día por el LRA.

Una de las trabajadoras sociales de GUSCO ha sido el gran apoyo de Mary en su transición a la vida normal. Hoy está con nosotros y puedo ver la admiración con la que Mary le mira. “En el futuro, me gustaría ser secretaria o trabajadora social y atender las necesidad de las niñas que vuelven del cautiverio, como ella hizo conmigo”.

Antes de irme de la cabaña, me acerco a su madre que está sentada en el patio, de nuevo rodeada de todos sus hijos y nietos, orgullosa y sonriente. Mientras, Mary ha vuelto a trabajo, está moliendo mijo.

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Mi niño ya no come arena

Martes, 3 de Agosto de 2010 Inés Lezama Sin comentarios

Por Inés Lezama, Especialista en nutrición UNICEF Mauritania

Estamos en Tidjkja (ubicada en el centro de Mauritania) durante la estación de la Guetna o recogida de dátiles. El calor es intenso y el viento de arena, deja un halo de misterio, y de silencio. Todas las familias de la ciudad se recogen en sus casas y khaymas. Acompañamos a Aminetou, matrona de la cuidad, que está haciendo visitas a hogares.  A lo largo de 3 días debe visitar los hogares de los niños que han recibido un suplemento alimenticio.

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© UNICEF/Mauritania

Desde el 13 de junio, en pleno periodo de escasez de alimentos (soudure), UNICEF apoya al Ministerio de Salud  en una acción preventiva contra la desnutrición en la región de Tagant. Esta acción consiste en suplementar a todos los niños de entre 6 y 36 meses con un alimento listo para consumo llamado Plumpy Doz.  3 cucharadas grandes al día durante los 3 meses más duros del año son suficientes para paliar el impacto de la falta de alimentos y reducir la incidencia de la desnutrición.

La operativa está siendo compleja, porque estamos a las puertas del desierto, donde un porcentaje alto de población es nómada. Sin embargo, el éxito está asegurado y el impacto será evidente a finales del mes de agosto. Más de 8.000 niños han recibido su dotación mensual y seguirán en el programa hasta el final.

Uno de los efectos más conocidos es el aumento del apetito de los niños,  y esto ya lo está notando Aminetou, que recoge la información de las visitas que hace en cada hogar. “¿Ha notado usted algún cambio en el niño desde que recibe el suplementó? –pregunta Aminetou a Zeinabou. Antes de que ésta responda, la abuela expresa su alegría, celebrando que ya no ve a su nieto Isselmou comer arena todo el tiempo.

Lo mismo comenta la madre de Cheikhna y de otros tantos niños y niñas que aseguran ver a sus hijos más enérgicos y sanos. Pero esto es sólo el comienzo, todas deben ir al centro de salud  para recibir otros “botes del apetito” para sus hijos.

Aminetou , está cansada, el día ha sido duro aunque ha podido observar que la acción es muy pertinente y que va a ayudar a proteger a los niños de la desnutrición y de la enfermedad, ya que las dosis de micronutrientes actúan como protectores naturales ante infecciones y otras carencias. Por eso, el seguimiento es fundamental para conocer el punto de vista de las familias y también para evitar que el producto se comparta entre todos y que esto disminuya el impacto en los niños.

Tagant es una de las regiones más vulnerables, que tiene un contexto geográfico muy difícil, con lo cual este tipo de intervenciones son las más eficaces. Desde luego que es difícil pensar que, mientras muchos viven en unas circunstancias límites, otros han pasado por estas tierras de caravanas para hacer rallyes y demostraciones de control.

En la habitación del albergue de desierto en la que me encuentro duermo pensando en Isselmou, en Aicha, en Fatimetou, en Cheikh y en tantos  otros niños que han recibido un apoyo elemental para su óptimo desarrollo, no sólo físico, sino intelectual. Hoy siento que podemos hacer avanzar la humanidad.

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Pau Gasol en Etiopía con UNICEF

Viernes, 16 de Julio de 2010 Ara Yoo Sin comentarios

Por Ara Yoo, Responsable de Cooperación UNICEF España.

Estamos en Etiopía con Pau Gasol, Embajador de UNICEF España, conociendo el trabajo de UNICEF en la región del sur, donde viven 50 de los 82 grupos étnicos del país. Aquí ha conocido niños y pueblos, y ha visto varios proyectos de educación y nutrición.

fotopau© UNICEF/Raquel Fernández/Etiopía/2010

Esta semana coincide con el 25 aniversario de We are the World, aquella canción que cambió el mundo y que logró recaudar fondos para combatir el hambre en Etiopía. A pesar de que todavía hay muchos niños que sufren de malnutrición, el progreso ha sido muy importante.

Pau visitó el programa de Nutrición con Apoyo de la Comunidad. A través de este programa, la propia comunidad trabaja en prevenir, identificar y tratar los casos de niños que sufren de malnutrición. Con el apoyo de dos trabajadoras de salud por comunidad, se hace un seguimiento muy de cerca del crecimiento de los niños menores de 2 años. También se organizan discusiones con los miembros de la comunidad, madres y padres, para dar información sobre nutrición, higiene, lactancia, y el cuidado general del niño.

Pau se ha dado cuenta de que prevenir la malnutrición es mucho más eficaz y mucho más barato que tratarla. Previene que los niños sufran retrasos y un estancamiento en el desarrollo que les perjudica para el resto de sus vidas. Pau se ha reído mucho con los niños y también ha bailado. Se ha puesto a la misma altura que los niños, ha mirado a través de sus ojos y se ha puesto en su piel. Un gran embajador