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¿Por qué el mundo debe ayudar a Pakistán?

Jueves, 26 de Agosto de 2010 UNICEF España Sin comentarios

Artículo de opinión publicado el 26 de agosto en CNN.com por Daniel Toole, Director Regional de UNICEF para el Sur de Asia. El representante del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia ha estado una semana recorriendo las zonas más afectadas por las inundaciones en Pakistán, donde ha podido reunirse con la población damnificada, conocer sus necesidades y evaluar la situación sobre el terreno.

© UNICEF/NYHQ2010-1622/ZAK; Daniel Toole, a la derecha, conversa con un niño en una escuela de la provincia de Khyber-Pakhtunkhwa el pasado 16 de agosto.

“Desde el cielo, el mar de agua se extiende tierra adentro más allá del horizonte; recuerdos de un desastre distinto con una respuesta extrañamente distinta a la misma desesperación. Un paisaje de agua salpicado por las copas de los árboles, los postes de electricidad que flotan en el agua hacia ninguna parte y pequeñas parcelas de tierra con familias aisladas apiñadas junto a los restos que consiguieron salvar en su huída doliente de las crecidas a través del país.

La quinta parte de Pakistán está anegada por las aguas. Imagínese si mañana se despertara por la mañana y se enterase de que toda Inglaterra o el estado de Florida están sumergidas por completo. Cultivos, mercados, carreteras, escuelas, comunidades y casas construidas con el esfuerzo de varias generaciones sumergidas en el agua, y muchas simplemente borradas del mapa.

Tras varias décadas trabajando en situaciones de emergencia en todo el mundo, nunca antes había visto una devastación tan sorprendente. Lo único que se le asemeja en los últimos tiempos es el tsunami, con muchas más muertes, pero con un nivel de destrucción similar.

El debate público que surgió en los primeros días del tsunami en Asia comenzó con un patrón muy parecido: ¿se podrían superar los enormes desafíos? ¿Se emplearía bien el dinero o caería quizás en manos de gente equivocada? Con tantos gobiernos distintos involucrados, ¿podrían los gobiernos, las Naciones Unidas y otros organismos humanitarios garantizar que los fondos llegarían a los más necesitados?

Pero las potentes imágenes televisivas rápidamente desencadenaron un extraordinario torrente de apoyo humano, con grandes cantidades de dinero y recursos humanos. De hecho, la respuesta fue excesiva, y UNICEF dejó de captar fondos.

Respuesta lamentablemente inadecuada

Hoy, en toda la región afectada por el tsunami hay brillantes testimonios: desde plantas de alcantarillado ecológico hasta escuelas amigas de la infancia, o cómo los gobiernos nacionales y los organismos humanitarios reconstruyeron mejor. Lo mismo se puede hacer en Pakistán, pero la respuesta ha sido lamentablemente inadecuada.

Estas aguas anegadas no van a desaparecer a corto plazo; la amenaza continúa siendo elevada, sobrepasando los esfuerzos de ayuda. El Gobierno estima que unos 20 millones de paquistaníes han resultado afectados de una u otra manera por las inundaciones, de los que más de ocho millones son menores de 18 años. Casi cuatro millones de niños constituyen la población más vulnerable, con riesgo de contraer enfermedades mortales transmitidas por el agua como la disentería, la diarrea y el cólera, así como las peores enfermedades endémicas como el sarampión y la poliomielitis.

Visité un puesto de salud en la provincia de Sindh, donde el número de casos de diarrea aguda cuatriplica ya los niveles previos a las inundaciones, y los niños mueren rápidamente de diarrea y su más mortífero aliado, la deshidratación.

Este no es momento de esperar. Sobre el terreno, hablé con muchas madres. Una de ellas tenía cinco hijos y nada con lo que salir adelante en medio de las moscas y un intenso calor –unos 40 grados–. El sudor caía por mi cara y mi cuerpo. Esta mujer huyó de las inundaciones con sus hijos, sin ningún alimento, sólo con la ropa que llevaba puesta.

Hay cientos de miles, si no millones, de personas como ella. Tiene diarrea y sus hijos también están mal a pesar de vivir en un campamento seguro, donde se suministran alimentos cocinados y agua potable. Su tienda de campaña ofrece una protección irrisoria. ¿Cómo va a sobrevivir a este calor? ¿qué demonios van a hacer cuando llueva otra vez?

Según el último recuento, cinco millones de paquistaníes estaban como ella: se han quedado sin hogar por las inundaciones. Cientos de miles de personas se enfrentan ya a la desnutrición, a las inclemencias del tiempo, las infecciones de la piel y las enfermedades respiratorias. La amenaza de epidemias aumenta día a día.

Ante la mínima posibilidad de que las aguas desciendan, la atracción natural por volver a casa es abrumadora. Pero para muchos no ayudará la sensación de vacío y de pérdida, además de que no hay agua potable, ni tiendas de alimentos, ni animales, etc.

La vida en un campamento es una vida en espera. Debe haber mejores formas de ayudar a las personas cuando estén en casa. Debido a que UNICEF y otros organismos humanitarios ya tenían equipos sobre el terreno, hemos sido capaces de liberar fondos de emergencia y empezar a proporcionar agua potable, vacunas, medicamentos, atención sanitaria y alimentos de emergencia y asistencia no alimentaria desde el inicio mismo de la crisis.

Agua potable y vacunas

Estamos observando un goteo constante de fondos, y ahora nosotros y nuestros socios estamos proporcionando agua potable a casi dos millones de personas al día y cerca de 800.000 niños han sido inmunizados contra enfermedades mortales.

Y no es suficiente. Cientos de miles de personas permanecen aisladas de los suministros de ayuda. Hay escasez de médicos, trabajadores sanitarios, se necesitan 40 helicópteros. Falta casi todo. Hasta comprar jabón o cubos en esas cantidades es difícil. Hay mucha necesidad.

Organizaciones serias como UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos, Save the Children y el Organismo Internacional de la Cruz Roja / Media Luna Roja tienen una trayectoria larga y muy buena reputación en la ayuda a los más necesitados. La imparcialidad, transparencia y la orientación a los más necesitados primero están en el corazón del trabajo que hacemos en cualquier situación, y especialmente en situaciones de emergencia. Hay una profunda dignidad en la forma en que los paquistaníes se ayudan entre ellos. Están en Ramadán y no toman siquiera un sorbo de agua desde el amanecer hasta el anochecer.

Vi esto en las secuelas del terremoto de 2005. Los trabajadores humanitarios, liderando los labores de ayuda, trabajaban durante todo el día para distribuir alimentos vitales, agua potable, medicamentos y tiendas de campaña a los millones de desplazados; los vecinos (existe una profunda tradición en Pakistán de ayudar a sus “biraderi” o miembros del mismo clan) compartían lo que tenían con otros desplazados; pilotos de helicópteros volaban en misiones de rescate, y trabajadores humanitarios pasaban sus días atendiendo a jóvenes, débiles, ancianos y desposeídos, compartiendo todos los alimentos disponibles al anochecer en tierras extrañas y secas a kilómetros de casa.

Así es como comparten y muestran su humanidad común. El mundo ha demostrado una y otra vez  el firme espíritu de generosidad humana; más recientemente, en el terremoto de Haití, incluso durante una recesión.

Esta vez,  el mundo ha sido inexplicablemente lento, inexplicablemente distraído. ¿Podría deberse a que se espera que un país –una potencia nuclear—debería saber cuidar de sí mismo? Pero este enorme desastre supera la capacidad de cualquier gobierno y los desastres no conocen fronteras, no respetan los pasaportes. Este desastre va mas allá de las personas, sus implicaciones marcaran el futuro de este país.

La geografía de esta región, distribuida en las vastas llanuras bajo el techo del mundo, el Himalaya, es como la política de esta región: inestable. Esta falla frágil puede romperse fácilmente por falta de atención y de solidaridad. Así como los paquistaníes se han ayudado unos a otros, también nosotros, como miembros del mismo “biraderi”, el mismo clan de humanos, debemos  estar a la altura en este  momento y responder a sus necesidades. Tenemos que hacerlo hoy. Demasiados paquistaníes siguen esperando.

Haití, un país con ganas de salir adelante

Lunes, 12 de Julio de 2010 UNICEF España 2 comentarios

Por Virginia Pérez, Especialista en Protección de la Infancia.

Ya no vivo en la tienda de campaña ni en el prefabricado, ahora vivo en un piso en Petion-Ville. Para ir a trabajar cruzo media cuidad, 45 minutos dan para ver muchas cosas: las mujeres y niños se duchan tranquilamente en la Plaza Saint Pierre, en una de las esquinas, a la vista de todo peatón o conductor. Niñas vestidos de uniforme con vistosos lazos rojos en el pelo. También veo hombres y mujeres limpiando escombros, mano a mano, o sea cogiendo ladrillo a ladrillo con las manos. Veo edificios de tres y cuatro plantas destrozados ¡y aun me impresiona tanto!

NYHQ2010-0617

© UNICEF/NYHQ2010-0617/Shehzad Noorani/Haití/2010

Adelantamos un tanque de agua, y varios vistosos tap-tap (taxis locales) abarrotados de gente, veo mujeres (algunas ancianas) que venden frutas y verduras en la calle, en grandes cestos de paja. Veo montañas de escombros. Veo letrinas en las aceras. Gente que vende su ropa vieja, el juego de tazas de café de la abuela. Veo pintores vendiendo sus cuadros en la calle. Últimamente se ven muchos colchones a la venta, también en la calle.

Y a pesar de todo, 6 meses después del terremoto, veo vida, mucha vida. Los haitianos muestran su fortaleza y capacidad de supervivencia cada día. Queda mucho por hacer para que la gente deje de vivir en las calles, para que todos tengan acceso a servicios básicos, pero por algún motivo, Haití me llena de optimismo, porque la mayor parte de los rostros me sonríen desde el otro lado de la ventanilla del coche.

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Por la inversión en la infancia

Martes, 29 de Junio de 2010 UNICEF España 2 comentarios

Por Aitana Valverde, cooperante vasca en Santo Tomé

Hasta Santo Tomé, pequeña isla del golfo de Guinea, nos van llegando noticias de la creciente fragilidad económica y social europea: los gobiernos elaboran planes de ajuste y recortes sociales históricos como respuesta a la crisis económica.

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©UNICEF/2010/Santo Tomé/AValverde
 
Estos planes implican básicamente recortes drásticos de gasto público, retrocesos en los sistemas de protección social, y suelen conllevar una flexibilización de los con frecuencia ya flexibles mercados laborales. Lo cierto es que da la impresión de que, si la especulación financiera y la desregulación han sido las causantes de la crisis, una vez más son las ciudadanos del mundo las que acaban pagando, con su empobrecimiento y el retroceso de sus derechos sociales.

Resulta curioso observar este fenómeno desde un país como Santo Tomé y Príncipe, pequeña isla enfrente de la costa gabonesa, en el que a pesar de los hallazgos petrolíferos -cuyos anunciados beneficios para la población no terminan de tomar forma- el concepto de “crisis económica” está casi en el olvido debido a que esta característica en este país es algo crónico. Una crisis económica perpetua lo acompaña fielmente desde su independencia de Portugal en el año 1975, más por iniciativa del colonizador que propia. La deuda externa es 1.5 veces superior al PIB, y eso a pesar de haber beneficiado de iniciativas de alivio de deuda.

Presupuestos públicos favorables a la infancia

Sin embargo, cuando se examinan los presupuestos generales del Estado, una se encuentra con cifras sorprendentes. El gasto en los sectores de salud y educación son de los más elevados del mundo en porcentaje del PIB. Debido a su historia política reciente de estado socialista, Santo Tomé y Príncipe mantiene cifras enormes (proporcionalmente hablando) de gasto a los sectores sociales, a pesar de sus trabas económicas brutales y crónicas, y con el apoyo de sus socios de desarrollo.

Esta pequeña isla empobrecida no sacrifica el gasto a los sectores sociales, y por eso se mantiene entre los países de desarrollo medio a pesar de su pésimo ingreso per cápita, y mantiene indicadores excelentes de vacunación, de erradicación de polio, reducción de la mortalidad materna, control de la epidemia de VIH/SIDA, alfabetización, etc. Indicadores muy superiores a las de sus vecinos africanos de mayor renta per cápita.

La primera quincena de junio en Santo Tomé se conmemora dos fechas esenciales para la infancia africana bajo el lema: “Presupuestar en favor de la infancia”. Este concepto ligado a las finanzas públicas resulta a veces difícil de manejar en las campañas de comunicación destinadas a niños, familias y comunidades.

UNICEF Santo Tomé y Príncipe apoya el mantenimiento del gasto a los sectores sociales, y está llevando a cabo iniciativas formativas, de desarrollo de capacidades, de incidencia política y de comunicación en favor de la idea de “presupuestar a favor de la infancia”. Con la defensa de esta idea UNICEF cumple con su tarea de organismo pionero en la defensa de los derechos de la infancia y las mujeres y se alinea con las nuevas tendencias de la ayuda al desarrollo marcadas por la Declaración de París (2005) y la Agenda de Acción de Accra (“triple A” 2008).

Esta idea de nombre abstracto implica en realidad la defensa de actuaciones muy concretas por parte de los gobiernos y sus socios internacionales de desarrollo. Supone el fortalecer los sistemas nacionales de gestión de finanzas públicas, continuar fomentando el gasto público adecuado a los sectores sociales con más influencia en las condiciones de vida de niñas, niños y mujeres, capacitar a las organizaciones de la sociedad civil en el análisis del presupuestos generales del estado para actividades de control e incidencia política y apoyar el desarrollo de instrumentos de ayuda externa que fortalecen el sector público (los enfoques sectoriales y apoyos presupuestario).

De esta reflexión querría subrayar lo que más me atrae de “presupuestar” es la idea básica subyacente, el pensamiento central de todo esto. En un contexto de dificultades económicas extremas, déficit estatal crónico y deuda externa casi insostenible, UNICEF, como organismo internacional de desarrollo políticamente independiente, no pone en duda el gasto social. Porque los derechos de los niños y las niñas son irrenunciables y no exclusivos de los países desarrollados, y su cumplimiento es elemento básico del desarrollo económico a largo plazo, además de un pilar fundamental en el cumplimiento de los derechos humanos.

La hospitalidad mauritana y el cordero

Miércoles, 16 de Junio de 2010 UNICEF España Sin comentarios

Por Toté Moreno, Presidente del Comité de Castilla-La Mancha y Patrono de UNICEF España.

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© UNICEF Comité Castilla-La Mancha/Mauritania/2010/José Florencio Moreno

La carretera  que une Nouakchott con Aleg es una interminable línea recta de 250 kilómetros. Ya antes de salir de la ciudad nos damos cuenta que es mejor no mirar la carretera. Este es un país relativamente libre y democrático; y en la carretera lo de la libertad se lo toman al pie de la letra, vamos que conducen como les da la gana. Solventado el asunto de la conducción, sobre todo tras el primer susto con “pequeña salida” hacia un arcén inexistente incluido, dejamos que Hashem, nuestro simpático chófer, haga su trabajo y nos dedicamos a la contemplación del desierto mauritano.

Nouakchott es una ciudad que cuenta con cerca de un millón de habitantes. Bueno, en realidad el tema del censo no está muy claro pero se calcula que la capital tiene entre 700.000 y ese millón de personas viviendo por sus calles. Aquí lo raro es encontrarse con edificios de más de dos o tres plantas por lo que la ciudad cuenta con unas dimensiones considerables. No son muchas las calles asfaltadas y todas acumulan en sus arcenes  importantes cantidades de arena del desierto. Del tráfico mejor no hablar que ya está todo dicho… sólo un apunte: si las bocinas de los coches funcionaran con pilas, los de Duracell se harían de oro… ¡Qué pesaditos con el claxon!

Esa imagen, urbana a su manera, desparece nada más salir de la zona metropolitana. A ambos lados de la carretera van apareciendo pequeños asentamientos con unas cuantas cabañas construidas con los más diversos materiales, desde adobe a cemento y algo parecido a los ladrillos, hasta cañas, plásticos o planchas metálicas. No faltan las haimas que nos recuerdan que Mauritania fue, hasta no hace mucho, un conglomerado de tribus nómadas, sometidas a la colonización francesa e independiente desde 1960.

Tras tres horas y media de camino llegamos a Aleg, la capital de Brakna. Antiguo fuerte francés, hoy es una localidad con unos 20.000 habitantes. Su calle principal, la única con algo parecido al asfalto, bulle de pequeños comercios y transeúntes.

Tras la protocolaria visita a las autoridades locales, nos encontramos con los miembros de Tostan, ONG senegalesa que gracias a UNICEF y al Comité Español está llevando a cabo un increíble proyecto que ellos llaman “reforzamiento de capacidades comunitarias”. Pero detrás de tan anodino título se esconde un poderoso salto en el desarrollo económico, social y cultural de las pequeñas comunidades en las que se ha llevado a cabo. El programa tiene, no obstante, un objetivo muy claro y concreto: eliminar de la vida mauritana la terrible práctica de la mutilación genital femenina.

Con un enfoque de derechos, con la participación de todos los niveles gubernamentales y asociativos posibles y con el absoluto protagonismo de la propia comunidad, el programa ha permitido mejorar los niveles de vacunación, de registro de nacimientos, de asistencia a consultas médicas, de atención a las mujeres embarazadas, de escolarización; ha posibilitado la creación de cooperativas de mujeres. Y ha conseguido crear comunidades que públicamente declaran estar libres de la mutilación genital femenina.

Además, ese importantísimo logro se ha llevado a cabo con el consenso de toda la comunidad, incluidas aquellas mujeres que durante décadas agarraron una oxidada cuchilla para someter a las niñas de su poblado a la más cruel de las mutilaciones. Creo que ninguno de nosotros olvidará jamás la experiencia vivida en Bouhdida con una de estas comunidades. Y UNICEF estaba allí, en boca de decenas de mujeres que contaban abiertamente y con orgullo que gracias a ese trabajo hoy se sentía personas portadoras de derechos.

La vida en Aleg es lenta o rápida según se la tome uno. No conviene ir con muchas prisas porque los 50 grados a la sombra no invitan a la velocidad en ninguna actividad. Aquí sólo corren las cabras cuando cruzan la carretera y escuchan acercarse a un coche a toda velocidad, porque camellos y vacas se lo toman con parsimonia y no parecen tener sus vidas en mucha estima.

Por cierto, en Mauritania la amabilidad y la hospitalidad son una religión. En ese sentido tenemos mucho que aprender de este pueblo. Es normal llegar a cualquier casa por humilde que sea y que te agasajen con lo mejor de su despensa que normalmente es cordero. Aquí se come con las manos y sentados sobre alfombras alrededor de un gran plato. De segundo arroz, también con las manos.  Al final te vas acostumbrando… a lo que no tengo muy claro que me acostumbre es a  comer cordero a las dos de la tarde (invita la comunidad), a volver a comer cordero a las cuatro (invitación del responsable de educación de la región),  a cenar cordero (invitación de un amigo del bueno de Ahmed)  y, al día siguiente, a comer… lo adivinan…

Menores y refugio: una visión en primera persona

Viernes, 11 de Junio de 2010 UNICEF España Sin comentarios

Por Jimena Cañedo Portillo, Comunicación UNICEF España.

Cuando trabajas en una organización de Derechos Humanos como UNICEF, lees habitualmente historias de terreno sobre niños soldado, matrimonios prematuros y otras formas de maltrato infantil. Pero… es muy diferente cuando escuchas ese testimonio en primera persona.

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© ACNUR: Participantes en el Congreso sobre menores y refugio

Hacía tiempo que nada me llegaba tanto como los testimonios que escuchamos ayer en el trascurso del Congreso Internacional sobre Refugiados que tuvo lugar en Madrid, y en el que UNICEF participaba, junto a ACNUR, CEAR y otras organizaciones del sector.

Comenzó contando su testimonio un joven iraní que tuvo la mala suerte de nacer en la época en que su país estaba en guerra contra Irak. De familia afortunada e hijo de un militar, contaba Arash (nombre ficticio), que durante esos tiempos en Irán, cuando cumplías 14 años, te quitaban el pasaporte para que no perdieras la oportunidad de servir a tu país como soldado.

Por esta razón, cuando Arash  tenía 13 años, sus padres decidieron sacarle del país,  para lo cual prepararon un itinerario que pasaba por Turquía, hacia escala en España, luego pasaba por Canadá, y finalmente acababa en Estados Unidos donde el niño tenía familiares. 

Tras Estambul donde estuvo un tiempo, el niño apareció solo en España con un pasaporte falso que afirmaba que había nacido en Quebec. Casi le sale bien la historia porque, según decía, en Irán le enseñaron bien inglés, pero a alguien se le ocurrió preguntarle algo en francés- idioma oficial de la provincia- y eso le delató.

Pasó a la habitación de tránsito del aeropuerto, desde donde llamó a su padre para contarle lo ocurrido. El consejo que recibió de su padre fue que “se cortara las venas o lo que fuera”, con tal de que le llevaran a territorio español para poder pedir asilo.

Tras estar varias veces a punto de ser deportado, llegando a estar subido en un avión pensando que era el final de sus días (el recibimiento de un desertor de vuelta en Irán no debía de ser muy agradable) finalmente pudo quedarse en España al cuidado de la Orden de la Merced.

Imagino la presión que debió sentir ese niño, que no había cumplido los 14, en aquel avión, después de que sus padres se esforzaran por sacarlo del país, por darle una vida mejor. Después de aconsejarle que se autolesionara para conseguir salir de territorio internacional y cruzar algunos metros más hasta territorio español (que tus padres te recomienden eso debe de impresionar) el sentimiento de miedo, de final y de fracaso debe de ser aplastante.

La parte buena es que los padres Mercedarios le dieron una buena educación. Consiguió una beca (estudiar una carrera sin el apoyo económico de nadie, es difícil) y acabó siendo ingeniero, con un buen puesto y, ahora está felizmente casado, a punto de ser directivo de una empresa.

El segundo testimonio, el de un ex niño soldado de Angola fue impactante. Su camión fue asaltado cuando era niño y después de ver cómo los guerrilleros mataban a sus tíos se convirtió en esclavo de la guerrilla. Cuando se hizo mayor, tuvo la oportunidad de unirse a ella (y dejar así de ser pisado continuamente) así que lo aceptó. Contó la primera persona que mató…y luego vinieron más.

No le gustaba esa forma de vida así que cuando se convirtió en un mando más alto, en vez de arrasar poblados enteros, sacaba cadáveres de las fosas comunes, les pedía a los del pueblo que les cambiaran las ropas y luego les dejaba huir. Esto llegó a los oídos de los altos mandos así que, después de convencer a sus hombres, todos se  entregaron para su rehabilitación. Estaba seguro de que nada les ocurriría, y así lo trasladó a sus hombres, pero en vez de eso, los fueron matando a todos delante de él permitiéndole vivir, para que delatara otros altos mandos de la guerrilla.

“Me torturaron”, contaba. “Un día eran muy amables conmigo, al día siguiente me pegaban una paliza de muerte, al día siguiente como si nada…Me pegaron un tiro en un pié.” Y, como si no tuviera importancia, levantó una mano desde donde estaba y añadió “Y me cortaron un dedo.”

La historia de cómo acabó en España sería demasiado larga. Pasó por Congo, de ahí a Marruecos y de ahí a España. “Ahora soy electricista – concluyó- estoy casado…Muchas gracias a todos los que me han ayudado.”